Si nos esforzamos por contar las colillas que podemos ver en un día, seguramente perderíamos la cuenta al poco tiempo de empezar. Estos residuos no sólo terminan tirados por el medio ambiente, sino que son técnicamente de los peores residuos tóxicos contaminando más, que los envases de alimentos, botellas y otros plásticos que son arrojados diariamente.

En un periodo de tiempo de escasos meses se han publicado dos diferentes noticias sobre el reciclado de las colillas, sólo los fríos datos con los que nos enfrentamos nos tienen que hacer recapacitar y valorar la importancia y relevancia de estas investigaciones.

Sólo en España se fuman unos 89 millones de cigarrillos al día, lo que supone 32.455 millones de filtros desechados anualmente, de los cuales un 64% de media acaban arrojados al suelo.

Los filtros de las boquillas de los cigarros donde se acumulan parte de los componentes nocivos del tabaco (arsénico, cromo, níquel y cadmio entre otros), terminan en las calles, filtrándose posteriormente en los cursos fluviales, llegando a las costas para llegar como última parada al lecho marino, lo que supone una severa amenaza para la biodiversidad.

Una colilla tarda en descomponerse totalmente una media de 8 a 12 años, los filtros de los cigarros no son biodegradables.

Ahora bien, gracias al conocimiento de los investigadores de la Universidad RMIT de Australia, y publicado por la revista Science Daily, han encontrado sendas maneras de aprovechar los productos químicos de las colillas; recientemente publicaron su capacidad en base a una mezcla de colillas y asfalto para la fabricación de carreteras. Dicha mezcla fue capaz de resistir grandes esfuerzos y en diferentes condiciones, presentando propiedades ideales y ecológicas para su construcción.

Además, se ha determinado que se puede agregar a la mezcla de pasta de barro cocido con la que se realizan los ladrillos, abaratando su coste de producción a la vez que se contribuye a aliviar un problema inminente de contaminación.

La investigación también demuestra que este agregado puede recortar en un 58% el gasto energético que demanda la cocción de los ladrillos, siendo el resultado de esta incorporación un ladrillo más liviano, con mejores propiedades aislantes que, a su vez, también representa un menor gasto energético a nivel doméstico.

En el proceso de cocción, los metales pesados y otros componentes de los filtros de cigarrillos quedan atrapados e inmovilizados dentro del ladrillo, solucionando el problema de la filtración de estos contaminantes al medio ambiente. Un hallazgo increíble que podría solucionar un problema mundial.

Aun así, las escasas campañas de concienciación sobre el vertido de las colillas y sus consecuencias, no evitarán que el problema perdure en el tiempo hasta que la regulación no sea más exigente y ponga coto a esta lacra.